CULTIVO

artesanal
EL CUIDADO DEL SUELO
Entre el final del invierno y el comienzo de la primavera realizamos la primera y una de las más importantes labores para cultivar nuestro azafrán, preparar  la tierra. Para ello le incorporamos abonos naturales con el fin de aportar al suelo los nutrientes que posteriormente la planta necesitará para su desarrollo. Un suelo cuidado es vital para tener un cultivo sano.
LA SIEMBRA

A comienzos del verano, llegado el momento oportuno, plantamos los bulbos de azafrán. Para ello, los colocamos con delicadeza uno a uno en la tierra, dejando el espacio suficiente para que cada una de las plantas pueda crecer con libertad. La tierra que preparamos unos meses antes, ya ha tenido el tiempo suficiente de absorber los nutrientes.

 

 

 

EL NACIMIENTO

Ahora es el momento de esperar con ilusión a que, ya entrado el otoño, aparezca la primera flor de azafrán, marcando el inicio de la cosecha y el comienzo de una intensa labor diaria.

 

 

 

LA COSECHA
Bien temprano por la mañana, cuando el sol comienza a asomar, vamos al campo a recoger las flores que han decidido ver la luz ese día. Trabajamos a la par que las abejas, que inician una carrera a contrarreloj para recoger la mayor cantidad de polen antes de que acabemos la recolección.
LA EFÍMERA FLOR
Las rosas de azafrán son muy delicadas y su vida es efímera. En una sola jornada salen los capullos, se abren las flores con el calor de los primeros rayos de sol, y se marchitan antes de que el día llegue a su fin. Cuando los días son fríos y nublados, consiguen mantenerse frescas hasta el día siguiente, aunque siempre con el temor de convertirse en el manjar de algún insecto que acuda atraído por sus llamativos colores y su aroma.
LA DESEADA ESPECIA

El siguiente paso tiene lugar en el hogar, durante el ocaso realizamos la laboriosa y fina tarea de desbriznar las flores de azafrán. Para ello separamos con mucho mimo y cuidado el estilo y los tres estigmas. Al calor del fuego y con la ayuda del resto de la familia, vamos juntando todas las hebras de azafrán.

 

 

EL FINAL DE UN DELICADO PROCESO
Para obtener un azafrán de excelente calidad, que conserve su aroma y color, terminamos haciendo lo que se denomina el “tostado”. Colocamos las hebras en una tela de seda sobre un débil fuego para ayudarles a perder gran parte del agua que contienen. Por último, las dejamos reposar un tiempo en cajas de madera para terminar su proceso natural de secado. Sólo queda envasarlas, al abrigo de la luz y del aire, para mantener así todas sus propiedades.